¿Qué es
la artritis
reumatoide?

La
artritis reumatoide (AR) es una enfermedad crónica (persiste mucho
tiempo), sistémica (puede afectar todo el organismo), de carácter
inflamatorio, de causa desconocida y que se caracteriza por la forma
en que afecta a las articulaciones. Suele afectar las manos y muñecas,
aunque cualquier articulación se puede ver afectada. Un rasgo típico
es la simetría, es decir se suelen inflamar las mismas articulaciones
del lado derecho y las del lado izquierdo. Son estas características,
junto a algunos datos de laboratorio como el Factor Reumatoide, los
que permiten diagnosticar este tipo de artritis.

No
se conoce exactamente como se produce la enfermedad ni que la
desencadena. Pero se sabe que se origina con el "ataque" de nuestro
propio sistema inmunitario (nuestras defensas) sobre la membrana
sinovial de la articulación. La evolución posterior es muy variable de
un enfermo a otro, desde una afectación mínima, hasta un daño
progresivo que evoluciona con mayor o menor destrucción de las
articulaciones. A mayor persistencia de la inflamación sobre una
articulación, mayor probabilidad de daño progresivo e irreversible.
¿Es la artritis reumatoide una enfermedad hereditaria?
No.
En la AR existe una cierta predisposición genética. Esto no quiere
decir que los hijos de las personas con AR van a sufrir también
la enfermedad, sino que tienen una mayor probabilidad de poder
padecerla que otras personas. Se estima que la posibilidad de
aparición de la enfermedad es cuatro veces mayor en los familiares de
primer grado de un paciente con AR.
¿Cuales son los principales síntomas?
Aunque el inicio de la enfermedad es variable de unos pacientes a
otros, es frecuente que la enfermedad comience con síntomas
inespecíficos, esto es con cansancio, falta de apetito, debilidad
generalizada y dolores musculares u óseos, que pueden persistir
semanas o meses.
Seguidamente aparecen la artritis (inflamación articular). Esta
típicamente afecta varias articulaciones (generalmente más de 5), y
más o menos de igual forma el lado derecho y el izquierdo del cuerpo.
También es posible que el comienzo de la enfermedad sea más rápido y
que la afectación, en otros casos, sea asimétrica.
El
dolor suele acompañar, a los brotes agudos de inflamación, de
hinchazón, sensibilidad, calor, enrojecimiento de las articulaciones y
esto provoca limitación en el movimiento de tales
articulaciones. Es frecuente además la rigidez generalizada, que es
mayor tras el reposo, de forma que la rigidez matutina, tras
levantarse del a cama, típicamente es superior a una hora de duración,
y generalmente es mayor cuanto más activa está la enfermedad.
Aunque se puede afectar cualquier articulación, las articulaciones que
más frecuentemente se afectan son las de las manos, muñecas, codos,
hombros y rodillas; también se afectan caderas, tobillos y
articulaciones de los pies; en cuanto a la columna vertebral, en la AR
sólo se afecta la columna cervical.
¿Cómo puede la enfermedad afectar la calidad de vida de los enfermos?
En
primer lugar la vida normal del enfermo ya se ve alterada por la misma
presencia del dolor. Es muy común que los pacientes con AR restrinjan
sus actividades normales de la vida diaria, porque la realización de
estas actividades desencadena la aparición o el agravamiento del
dolor. Esto determina que el paciente no pueda llevar a cabo
actividades habituales de la vida diaria en su casa o en su trabajo,
lo que puede suponer un deterioro de las expectativas normales
del enfermo, induciendo problemas de tipo psicológico como ansiedad,
depresión o peor tolerancia a situaciones de stress que le toque
vivir. Esta actitud mental negativa unida a la capacidad física
reducida y a las posibles alteraciones psicológicas puede llevar a
veces a un deterioro de las relaciones familiares y sociales.
Como podemos suponer la alteración de estos acontecimientos altera la
calidad de vida del enfermo con AR.
¿Puedo saber si mi artritis es severa?
La
evolución de la AR es muy variable y difícil de predecir en cada
paciente individual. Una vez que se inicia la enfermedad la mayoría de
los pacientes presentan brotes de actividad que alternan con periodos
de mejoría y aún de ausencia de síntomas (remisión). Al cabo de 10 a
12 años, más del 80% de los pacientes siguen presentando signos de
enfermedad. Normalmente la progresión más rápida de la enfermedad
tiene lugar durante los 2 primeros años en que se establece el mayor
daño, y posteriormente el proceso evoluciona de forma mucho más lenta.
Se conoce algunas características de los pacientes que pueden predecir
el desarrollo de enfermedad más agresiva. Estas son: presencia de
alteraciones más intensas en las radiografías, nódulos reumatoides,
valores altos de Factor Reumatoide y persistencia elevada de la PCR en
los análisis de laboratorio.
Tratamiento
Antes de iniciar la descripción de los diferentes tipos de tratamiento
hay que volver a insistir sobre la idea de que la AR, aún tratándose
de una misma enfermedad, tiene muy diferentes grados de afectación,
desde pacientes con mínimo problema, sin deformidades y escasa o nula
incapacidad, hasta pacientes con enfermedad severa causante de
deformidades articulares importantes e incapacidad funcional severa.
Por lo tanto es fácil comprender que el tratamiento va a tener niveles
muy distintos de intensidad dependiendo del paciente y, dentro de un
mismo paciente, de la fase de la enfermedad. Hoy día se dispone de
datos que permiten pensar que la enfermedad es más agresiva durante
los dos primeros años de evolución, especialmente en el sentido del
daño sobre el hueso que se puede detectar en las radiografías. Se
piensa, además, que el curso de la enfermedad es mucho más
influenciable (responde mejor a las medicinas) en esas fases
iniciales, siendo este el momento idóneo para intentar parar o detener
la enfermedad.
Por
conseguir estos objetivos disponemos de un amplio arsenal de fármacos,
que van desde los analgésicos y antiinflamatorios, corticoides,
modificadores de enfermedad (DMARDS) y terapia biológica (Anti-TNF y
anti IL1). Como complemento se añade el uso de otras medidas como la
inyección de fármacos dentro de la articulación, medidas de
fisioterapia y rehabilitación, dieta y cirugía.
Dentro del grupo de antiinflamatorios existe una gran cantidad de
productos que sirven para aliviar el dolor, pero no detienen la
enfermedad y por lo tanto no deben utilizarse solos en el tratamiento
de la AR.
La
Terapia Biológica se ha constituido en la actualidad en lo más eficaz
para detener el proceso articular destructivo de esta enfermedad. 80%
de los pacientes responden a este tratamiento y lo que es importante
las lesiones radiológicas se detienen especialmente con el uso de
infliximab.
La
utilización de estos medicamentos requiere de un profundo conocimiento
de los beneficios y efectos secundarios por lo que estos deben ser
manejados exclusivamente por Reumatólogos.
En
resumen, esta es una enfermedad seria, que precisa múltiples y
variados tratamientos, que hay que individualizar el manejo para cada
persona y situación. Por ello hay que llevarla lo mejor posible, con
la ayuda de todos. La falta de colaboración del paciente podría
resultar un desastre. Con la ayuda de ésta y otras informaciones
intentaremos evitarlo.
Dr.
Luis Zurita G.
Dr. Claudio Galarza M.